Eva Andrés

Social Media Specialist

El empoderamiento de la mujer en la sociedad15 min read

Ha llegado el momento de enfrentarnos a nosotras mismas y empezar este proceso personal y a la vez común hacia el empoderamiento pero ¿Cómo logramos ser una mujer empoderada dentro de la sociedad actual? Siendo las protagonistas de nuestra propia historia.

Llega la semana de la mujer y creemos que es importante empezar este artículo motivando el cambio del rol de la mujer en la sociedad. Es algo que comenzó el 8 de marzo de 1857, un grupo de trabajadoras del sector textil de Nueva York se puso en huelga para protestar por las condiciones laborales. Fue una de las primeras manifestaciones donde las mujeres empezaron a reivindicar sus derechos.

Con el sufragio universal se marcó la diferencia y cambió el curso de la historia. Pudimos votar en 1933 y en 1936, pero después de esto estuvimos 40 años sin poder hacerlo. Recuperamos nuestro derecho a voto en 1977, para ser más exactos, hace 42 años. Esto supone que las mujeres españolas solo hemos votado, aproximadamente en 12 elecciones generales.

Y poco a poco hemos ido consiguiendo avanzar en otros ámbitos, aunque todavía quedan muchos por mejorar.

Sin embargo, si no lo defendemos primeramente dentro de nuestro círculo más cercano ¿cómo vamos a querer que cambie en la sociedad? Es una labor que no es fácil, que como hemos comentado anteriormente, es un movimiento que lleva tiempo estando en marcha. Por lo tanto, es importante apreciar nuestros valores y actitudes e inculcarlos desde las pequeñas generaciones a las actuales, para que esto no deje de tener sentido.

A continuación os contamos el punto de vista de cuatro mujeres del equipo Aticco, sobre el empoderamiento de la mujer en la sociedad:

“Lo que no se ve” by Elena Belloso

Head of Account Department

Empiezas la aventura de ser madre ilusionada ¡radiante! ¡Yo me sentía el templo de la vida! Nace tu bebé, le cuentas los dedos de las manos y los pies ¡todo está bien! Estás en casa con él, disfrutando, riendo, a veces llorando por un sube-baja de hormonas. Se te acaba la baja maternal (6 meses) tu bebé sigue siendo un cachorro que amamantar y no sabe caminar aún. Llega el momento de volver a trabajar, y ahí te das cuenta que este sistema no es compatible con tu nueva vida de madre y es cuando empieza una carrera de fondo…

Y todo lo que no se ve:

Dejas a tu bebé en una guardería y vas a trabajar aguantándote las lágrimas y el dolor de tetas porque se van cargando de leche. Vas a trabajar habiéndote levantado 7 veces por la noche (con suerte). Durante 18 meses. Te levantas a las 7 de la mañana y tu jornada no acaba hasta las once o doce. Te vistes y duchas en 2 minutos y medio. Tu tupper es de sobras y un largo etc….

Pero vas a trabajar y das todo de ti como trabajadora y como madre, sonríes a todo el mundo, quieres hacerlo todo perfecto. Sientes la culpabilidad de no poder pasar más tiempo con tu bebé, te preocupas por todo, pero te olvidas de la mujer que fuiste y te preguntas ¿qué hacía con todo ese tiempo que antes tenía y ahora no?

No deberíamos tener 6 meses de baja, no deberíamos someternos a esta carrera de fondo, deberíamos tener una baja más larga y una jornada reducida sin pensar si económicamente si te la puedes permitir… Seguro que muchos padres también se sienten así, por eso es responsabilidad de todos mejorar las cosas, no solamente de nosotras.

Porque aún hay empresari@s que no contratan mujeres por miedo a un embarazo, olvidándose que ellos han tenido una madre y que sería justo que tuvieran igualdad de oportunidades.

Con el tiempo te vas recuperando pero el desgaste de la carrera de Fondo, queda ahí y sigue. Vuelvo a recuperar algo de la mujer que era antes de ser madre, y he conocido al verdadero amor de mi vida: Mi hijo.

“La revolución ha empezado, pero es una carrera de fondo” by Mireia

Carbonell

    Account Director of Communication

Recuerdo que hace justo un año estaba preparando las pancartas para llevar a la manifestación del 8 de marzo. Era la primera vez que me sumaba a una huelga feminista y no tenía muy claro en qué enfocarme. Había tantas cosas que decir, que no resultó fácil escoger.

Por un lado teníamos reciente el juicio de la manada y con ello la indignación por una justicia patriarcal que disculpó a los agresores y culpabilizó a la víctima. Estaban también todas las víctimas de violencia de género que habían sido asesinadas en manos de su pareja. Las que no habían muerto, pero recibían palizas a diario. Las que habían sido violadas. Las que sufrían abusos. También había que reivindicar quién decide sobre el cuerpo de la mujer, hablando del aborto y del auge en el negocio de los vientres de alquiler.

En el terreno laboral las reclamaciones estaban claras, empezando por la brecha salarial que hace que las mujeres cobren un 25% menos que los hombres por los mismos puestos de trabajo, las pocas oportunidades de acceder a altos cargos, o la falta de políticas que favorezcan la conciliación familiar y los derechos de las madres trabajadoras. Y teníamos que protestar por el nulo reconocimiento social y laboral que tienen las cuidadoras, las empleadas del hogar y las amas de casa.

Cuando llegó el día y vi a toda esa marea de mujeres luchadoras, no dudé en que todos esos temas y muchos más estarían representados. Fue un día emocionante, donde vimos la fuerza que tenemos juntas y las ganas que tenemos de cambiar la situación. Aquel día empezó una revolución que llevaba muchos años fraguándose. La habían empezado nuestras madres, y también nuestras abuelas con su eterno sacrificio.

Un año después, y pese al subidón que supuso ese día, la mayor parte de lo que reclamamos allí, sigue pasando. Los abusos a mujeres no han disminuido. Los asesinatos, lamentablemente, tampoco. El auge de partidos de extrema derecha ha dado pie a que se pongan en duda temas tan importantes como la definición de lo que es la violencia de género, la potestad que tiene la mujer para decidir sobre su propio cuerpo, o la necesidad de esta revolución feminista.

Pero no nos confundamos. Algo cambió aquel 8 de marzo, y nada ni nadie va a parar esto. Esta revolución es feminista pero no sólo de mujeres, es la revolución de tod@s. Puede que parezca que retrocedemos, pero es solo una visión que proyectan quienes están asustados por el cambio. Este 8 de marzo volveremos a estar allí. Y seremos más que hace un año, y nos apoyarán todos esos hombres que luchan a nuestro lado para construir el camino al futuro.  

“Lo que se supone que debemos hacer” by Naiara Chaler

Event Manager

Vengo de una familia con mucha mujer, y muy de mujeres. Ellas la construyeron en base a lo que se suponía que debían hacer, y reaprendieron con lo que se encontraron en la vida; ‘cogieron el toro por los cuernos’ y decidieron que ‘esto’ no iba con ellas.

Sentimos a diario la carga que nos recuerda nuestro papel de cuidadoras, de entregadas, de servidoras de nuestras abuelas, compañeros, hijos, hermanas, y una lista que podría nunca acabar. Parece que más que un ente con alma propia, hemos sido durante muchos siglos el engranaje que permite que los demás, cumplan sus deseos. Estamos cabreadas, y debemos desenfadarnos, y empezar a vivir del modo que merecemos, respetando – por encima de todo, nuestros propios deseos, ambiciones, y curiosidades; a nosotras mismas. Y no es fácil.

Para mi, el reto de ahora es tener la paciencia y constancia para romper estos estigmas que han quedado marcados, a fuego, en cada una de nosotras. Tomar consciencia que no debe afectarnos el juicio ajeno y no debemos juzgarnos a nosotras mismas por no cumplir lo que se ha esperado durante siglos, algunos aún esperan, de una mujer como nosotras.

Ser benevolentes con nosotras mismas, y encontrar el coraje de reclamar nuestro espacio cuando nos apetece estar solas, de hablar abiertamente de nuestras curiosidades y deseos sexuales; de querer y amar a quien queramos, aunque sea un desconocido, o muchos; de viajar solas aunque tengamos pareja.

Para mi empoderarnos es poner el contador a cero cada día y emprender esos gestos que nos permiten hacer lo que nos venga en gana, sin importarnos la opinión del resto, pero por encima de todo, sin juzgarnos a nosotras mismas ni a nuestras compañeras porque muchos siguen pensando que deberíamos hacer lo que se supone, y no lo que queremos.

“El ser mujer” by Carlota Rodríguez

Finance Intern 

Dominante, fuerte, analítico, decidido, orgulloso, ambicioso, lógico, agresivo, valiente, poderoso, competitivo, directo, dinámico y egoísta.

Comprometido, educado, sutil, sincero, generoso, débil, honesto, amigable, socialmente responsable, expresivo, sensible, afectivo y paciente

¿Dirías que estos adjetivos pertenecen a la misma persona? El primer párrafo corresponde a los atributos asociados socialmente como masculinos, el segundo corresponde a los femeninos.

Y esta realidad hace que te preguntes: Si el género masculino tiene más facilidad para acceder a lo que se entiende como éxito (que la tiene), entonces yo como mujer ¿tengo que tener atributos masculinos para poder acceder al éxito?

Si soy mujer y me siento identificada con mi género ¿debería también sentirme identificada con los atributos femeninos? Y si no me siento ¿soy menos mujer?

¿Es ser mujer encajar en los roles de mujer? Y si no, ¿Qué es ser mujer?

Cuando nacemos lo primero que se anuncia sobre nosotros es nuestro sexo. Desde este momento nuestro sexo comienza de alguna manera a definir nuestra persona, y parte de ser mujer es llevar unas cadenas invisibles día y noche; a veces, interiorizar que hay derechos que no se te dan y obligaciones que no deberías tener.

Eso hace que a veces signifique luchar más para conseguir lo mismo, aguantar comentarios inapropiados, o incluso que tu apariencia importe más que tus palabras. Luchemos como lo hacemos siempre porque esta realidad alguna vez sea un mero recuerdo en los libros de historia.

Porque ser mujer nunca ha sido un puñado de adjetivos ni de características físicas o biológicas. Es mucho más.

Tan solo unos años atrás, la igualdad de género era una utopía. Ahora, podemos decir que aunque quede un largo camino lo conseguiremos. ¡Que este 8 de Marzo estemos unidas, fuertes y orgullosas, y que sea tanto que nos dure 364 días más!

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